en el borde del camino...

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A diario camino por ahí mismo. LLena de dudas, alegrías, penas y otras cosas.
Sola, como me gusta andar de vez en cuando. Me cansa caminar sola pero hay veces en que no hay otra opción...
Hasta ese día, en que la encontré.. tan sola como yo.
Me senté y miramos la vida pasar. Solas, esa silla y yo.
En el borde del camino que une el 25 de Gran Avenida con mi casa. Ahí estaba, triste, sola
y gastada. Algo así como mi ánimo por estas fechas. Desde que él se fue y me dejó deambulando por ahí. Desde que ella decidió no quedarse más en la tierra y yo, que en algún momento quise irme con ella, tuve que aguantar un rato y quedarme esperando que llegue el día en que nos volvamos a ver.
Ahí mismo nos encontramos. Yo cansada de un reporteo, ella cansada de esperar.
La miré, me tenté, me senté en sus faldas y me contó el cuento más hermoso que había escuchado.
Eran las diez de la mañana y sin querer nos dio la noche. Me quise despedir, pero el panorama estaba interesante.
Ella melancólica, yo mucho más. Encendí más de diez cigarros. ¿Qué importa? Nadie me estaba esperando de la forma en que yo esperaba.
Continuamos conversando hasta el amanecer.
Ví veinte caras y cuarenta mil pares de zapatos avanzando.
Estudiantes enamorados, familias felices, gente sola y estresada, penas enormes disimuladas en anteojos de sol. Putas que pretendían ganar el primer sueldo del día para mantener algunos sueños, algunas personas, algún futuro arañado.
Me ví a mi misma, estaba sola. Sentada en una silla, imaginando un cuento que no llegaba.
Reparé en la hora y partí a mi casa rápido. Prometí volver al día siguiente y así lo hice. No me estaba esperando, se la habían llevado. Y el borde de ese camino quedó tan vacío como todos los días.
Reparé en la hora y partí a mi casa rápido. Prometí volver al día siguiente y así lo hice. No me estaba esperando, se la habían llevado. Y el borde de ese camino quedó tan vacío como todos los días.

