Siete días

El miércoles lo supe, el jueves lloré, el viernes nos llenamos de fe. El sábado rezamos todos juntos y el domingo despertabas. El lunes quisiste llamar a tu mamá, y el martes escribías en un papel. Ahora que es casi miércoles me preguntó cuántas semanas quedarán así. Sí, la fé movió montañas, y llevas una semana entre nosotros todavía, cuando los doctores te pronosticaban seis horas de vida, esa noche de miércoles.
Nunca corrí tan rápido por esos pasillos. Imágenes van y vienen mientras subo por el ascensor. Sexto piso, Unidad Pediátrica de pacientes Críticos. Se me aprieta el pecho, me sale un hilo de voz. Tu abuela me abraza y la siento como si fuera la mía "Se nos va la niña" gritaba entre sollozos. Mi primera lágrima se escapó.
Te imaginaba corriendo por la calle, contándome de tu primer día Part Time para Navidad en La Polar. Recordaba que, días antes, me habías dicho que querías que tu fiesta de graduación fuera la primera, y yo te había respondido " No seas tonta, anda a otra antes, si igual se pasa bien". Volvía a sentir tu abrazo de año nuevo, y a recordar la angustia de ese llamado, cuando me dijeron que las cosas habían salido peor de lo que pensaba.
La operación falló, la malformación de tu cabeza cobijaba un coágulo gigante. Un derrame de sangre, de esperanzas y de fuerza. Te extinguías poco a poco.
Conectada a diez mil tubos se te iba la vida, tomando café y desgarrando el alma se nos iba a nosotros contigo. Horas que se convirtieron en siglos, y ningún doctor aparecía.
Seis horas de vida, desde que tu octava operación había fallado. Eso pronosticó el doctor al aparecer. Una muy pronta muerte cerebral. Cerraste tus ojos al mundo y pensé que no los abrías más.
"El Padre Hurtado puede hacerlo" decía mi mamá, con esa cara de angustia encubierta que tan bien conozco. "Vamos a verlo" decía la tuya, sin poder contener los sollozos. Auto en la puerta, luces encendidas, partieron. Me quedé mirando cómo el auto se perdía por Santiago mientras fumaba mi décimo cigarro en dos horas. No, a quién quería engañar, no quedaba garantía de que las cosas salieran bien.
Todo cambió desde que te encomendaron, chiquitita. Respiraste sola al día siguiente. Llamaste a tu mamá, y pediste tu maletín de cosmeticos. Afuera se respiraba aire de nuevo, afuera el mundo volvía a girar. Tú, mientras tanto, volvías a vivir. Se deshincharon tus ojos y tu cabecita. Mi corazón empezó a latir de nuevo. No importaron las futuras secuelas, te sentía fuerte, tan fuerte como para serlo yo también.
Nunca en mi vida había rezado tanto, nunca había tenido tanta fe. Sabía que todo cambiaba desde ese momento, y los doctores, escépticos por naturaleza, no tuvieron más que sucumbir a la verdad:Era un milagro,de los verdaderos.
Moviste tu pierna izquierda, y me reí del doctor que juró que nunca más volverías a hacerlo. Estás a cada minuto más viva, y nosotros planeamos celebrarte un nuevo cumpleaños.
Aun no sales de esa sala y espero con ansias volver a abrazarte. Conversar contigo como antes y contarte que volvemos a nacer con cada señal de que te mejoras. Comentarte todo lo que tu mami lloró, y pedirte que la cuides cómo ella te ha cuidado durante estos días. Me hice amiga de tu familia, me hice más amiga de Dios, todo por tí.
El Padre Hurtado hizo su trabajo, pero aun nos queda mucho. No importa lo que pase, pienso mientras vuelvo a cada, a contar como te recuperas. Queda tiempo para esperarte entre nosotros, tiempo para que te fumes un cigarro conmigo en la playa, como mandé a decir con la gente que te mira dormir. Queda tiempo para que vivas, y para que nosotros aprendamos a vivir de nuevo contigo.

