martes, septiembre 26, 2006

como te digo...

Y cómo te digo ahora que no soy quien tú crees. Detrás de la capa de maquillaje, detrás de los sueños que te cuento, detrás de los besos que no te doy todavía, por miedo a que se caiga esa coraza y descubras lo " poco recomendable" que me volvió el tiempo.

Nueve y media de la noche y ya te debes ir. apagas el cigarro, me dejas dormida mientras te alejas. Un beso en mi frente, dos más, y yo despierto justo para verte cruzar el umbral.
Tardes completas, sueños a medias. Yo no soy lo que tú quieres. Hace tres noches y dos segundos que me convencí de eso, pero no quiero que te vayas.
¿Cómo te lo digo ahora? que por fin llegaste para quedarte, cuando son las nueve y cuarto y aun no te mueves de mi lado. Siempre pasa, siempre me pasa lo mismo.
Sueñas con que soy una princesa, me miras como lo más frágil. Me cuidas sólo como yo sé cuidarme. Y si llegan las doce y me encuentras como sólo yo logro verme. Sin los zapatos de cristal corro un poco más a prisa, sin el vestido de ruedos sólo me veo como soy. Decepcionada, cansada de buscar lo que no encuentro, terriblemente libre, absolutamente sola.
Te veo con ganas de salvarme, de mí, de mis tonteras, de todo. ¿Cómo se hace eso cuando las alas se me quedaron perdidas en algún bar de República?¿Cuando el pasado corta como vidrios filosos?

¿Qué hago contigo cuando la noche se ponga oscura y yo sólo quiera salir corriendo a buscar la nada?
¿Qué hago conmigo si llego a atarme como no quiero?
¿Que hago con un tú y con un yo si se vuelve nosotros?

Lo mío es jugar a perder aunque llegue primera en la carrera. Lo mío es no buscar para no llegar a decepcionarme. Lo mío es no soñar, porque los sueños más hermosos duelen cuando despiertas. ¿Ves que no soy recomendable?
Lo tuyo es seguir mis pasos, casi como hipnotizado. Lo tuyo es quererme sin siquiera pensar en que se acabe. Lo tuyo soy yo, poco a poco. Y me entra la duda junto con un abrazo "Pero si faltas, cómo me salvo?"

martes, septiembre 12, 2006

Donde estoy?


Qué alguien me diga si te vio pasar por la calle
Que alguien me diga si aun respiras
Porque yo te respiro, porque todavía te huelo
cada 11 de septiembre con más fuerza que el primero de enero.



Desaparecí hace 27 años, no me queda nombre ni ganas de que me nombren. Mi voz se gastó entre golpes y confesiones que no pude dar. Quería un Chile justo y quedé justo en el medio del dolor.
Llámame Juan aunque no tengo nombre. Llámame Juan aunque ni siquiera recuerdo quien soy. Llámame Juan, sólo por nombrarme de alguna manera, si hasta mi pasado se llevaron, mi presente puede ser claramente imaginado.
Cambió todo esa mañana. Lo que más siento es no haberte dicho adiós. Quién iba a saber que no vería más tu carita. Tu cuna debe ser una cama; mi niña, toda una mujer. Tus sueños de lucha, iguales a los de tu padre.
Estoy seguro de que te contaron quien soy. Estoy seguro que algo de orgullo te queda para mi recuerdo.
Siempre recuerdo lo peor de aquél día. Esa tarde donde me llevaron. No sabía, y me obligaban a saber. Golpe a golpe tenía que confesar algo. ¿Qué era? Nadie me lo dijo. Nunca milité en ningún partido, sólo lo elegí a él, como tantos otros, para cambiar “a Chile y su destino”.
Sangre en mis manos, heridas en mi alma. Democracia quebrada y uniforme que causaban espanto. Eran lobos en piel de oveja, mi padre lo había advertido.
Fueron casi seis meses “mi negra”. Hambre, frío y miedo. Cada día despertaba con esas ganas de morir, solamente eras tú lo que me impulsaba a salir de ahí.
Sí, justamente de ahí. Donde ahora se juegan partidos grandes. Donde torturaron a cientos de personas, que cómo yo, no sabíamos nada.

No me la pude, pero yo me la quería poder. No viví, pero sé que vivo en tu recuerdo. No tengo tumba, ni voz, ni gritos para legarte. Sólo mi despedida, un tanto tarde en esta carta.
Desaparecí hace 27 años, no me queda nombre ni ganas de que me nombren. Mi voz se gastó entre golpes y confesiones que no pude dar. Quería un Chile justo y quedé justo en el medio del dolor. ¿Dónde estás tú? Luchando por un mundo distinto. Siéntate mi niña y escucha, aprende todo por lo que luchas. No vaya a ser que un día te lleven a ti también, igual que a mi, por no saber.